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Columna: Sofismas de ocasión
El mejor periodista de Sinaloa

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Hace un par de días lancé una pregunta en redes sociales “¿Cuál es su periodista favorito?”, la pregunta incluía a periodistas locales, nacionales y extranjeros. Para mi sorpresa, las respuestas fueron de todo tipo. Los nombres mencionados eran diametralmente diferentes unos de otros, muy pocos nombres se repitieron. Con la pregunta buscaba conocer qué quieren los sinaloenses de un periodista. Fallé miserablemente.

Entre los mencionados localmente aparecieron Javier Valdez (desde luego), Luis Alberto Díaz, Jesús Fuentes Félix, Andrés Villarreal, Goyo 310, entre varios otros; de los nacionales aparecieron Sergio Sarmiento, Leonardo Kurzio, Carmen Aristegui, Gutiérrez Vivó y varios más; en los internacionales aparecieron menos, muchos menos: Jorge Ramos y Lawrence O´Donell. Los sinaloenses seguimos poco el periodismo internacional.

Entendí que se terminaron los tiempos del periodismo monolítico. Ya no hay Zabludovsky o Cronkite afortunadamente, pero, de igual manera, no todos los que publican algo se les puede llamar periodistas. Es una profesión que requiere preparación, vocación y especialidad. Opinar cualquiera que respire y sepa escribir lo puede hacer; periodismo, muy pocos.

Otro de los aspectos curiosos de este sondeo “facebookiano” fue como confundían presentadores de noticas con periodistas. Los primeros no necesitan conocer las notas para comunicarlas, en muchas ocasiones ni siquiera entienden lo que están informando, pero tienen la habilidad de transmitir una idea delante de las cámaras o cualquier plataforma que utilicen; por otro lado, los periodistas realizan tareas mas complejas: desde conseguir una nota, investigar, redactar y publicar. Los periodistas profesionales pocas veces con reconocidos por las audiencias.

En los tiempos de las redes sociales, la credibilidad de los periodistas no se construye a través de un trabajo profesional; por desgracia, esto quedó atrás. Hoy en día estamos midiendo la credibilidad en función de nuestras propias ideologías. De nada sirve que Carmen Aristegui realice una investigación sobre corrupción con elementos tangibles, si no investiga al partido político que quiero que investigue. Lo mismo sucede con los columnistas. De poco o nada sirven los análisis sustentados en datos o información verificable, si Luis Enrique Ramírez o Héctor Ponce no escriben cosas bonitas del político que yo admiro.

Todos los periodistas tienen cargas emocionales (hago énfasis en el TODOS) y subjetivas en sus trabajos ya sea por convicción propia o por líneas editoriales en sus medios de comunicación. Como sociedad tenemos que comenzar a desmitificar la figura de la “objetividad” y comprender que la pluralidad nos convierte en mejores ciudadanos. Los periodistas tienen derecho a tener ideología, pero no tienen derecho a mentir. Eso es lo que tenemos que cuidar de nuestros profesionales de la comunicación: Exigir que las opiniones, notas, análisis, etcétera, tengan elementos medibles que puedan compararse y, si se equivocan, que no tengan empacho en reconocer errores.

Para el periodismo este también es juego nuevo. Cada vez es más común observar periodistas tradicionales intentando interactuar en plataforma digitales. Algunos lo han hecho con éxito, otros tantos están batallando para hacer escuchar su voz y algunos simplemente están desapareciendo por no entender las nuevas reglas. Sinaloa no tiene un periodista favorito. Tiene ideologías favoritas.

Las noticas seguirán existiendo. Esas no van a desaparecer, pero un periodista favorito será algo de la cotidianidad, incluso tendremos periodistas de modas y por temporadas (la tecnología facilita que así sea). Para estar informado de la mejor manera en este mundo huxlesiano es necesario tener un periodista de cabecera, un opinonólogo de planta (yo, desde luego), uno de moda y uno que me caiga mal, sólo así podremos entender en todas sus aristas la misma noticia y seremos menos ignorantes en un mundo que cada vez nos inunda más con toneladas y toneladas de información.

Sergio Lozano Garcia

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